Decadente devoción

Te convertí en mi dios y aquellas risas las volví en espesas lágrimas cargadas del mar que desbordó mi alma, ciego caminé confiado mientras paso a paso mis pies se bañaban a sí mismos en la sangre de los lamentos que no me correspondían, sin embargo acá estoy de nuevo pero esta vez perdiendo mi religión.


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